Si estás pensando en incorporar un perro a casa y vives rodeado de vecinos, es razonable preguntarte:
“¿Qué perros ladran más?”
La respuesta no es tan sencilla como hacer una lista de diez razas.
Sí existen diferencias conductuales entre razas y algunas han sido seleccionadas durante generaciones para vigilar, alertar, perseguir, localizar presas o trabajar comunicándose a distancia.
Pero eso no significa que podamos saber cuánto ladrará un perro concreto simplemente mirando su raza.
¿Realmente unas razas ladran más que otras?
Sí existen diferencias medias entre razas.
Eso está respaldado por estudios conductuales y genéticos.
Una investigación publicada en Proceedings of the Royal Society B reunió datos de comportamiento de más de 14.000 perros pertenecientes a 101 razas y encontró diferencias heredables entre razas en múltiples rasgos conductuales. Además, parte de esas diferencias se correspondían con grupos históricamente seleccionados para funciones distintas.
Pero hay que interpretar correctamente ese dato.
Otro gran estudio publicado en Science en 2022 analizó información conductual de 18.385 perros y genotipos de más de 2.000. Encontró que muchas conductas tienen un componente hereditario, pero que la raza explicaba aproximadamente un 9 % de la variación conductual entre perros individuales.
Eso significa dos cosas que pueden ser ciertas al mismo tiempo:
- algunas razas presentan tendencias medias distintas;
- conocer la raza no permite predecir con precisión el comportamiento de un individuo.
Por tanto, este artículo no es un ranking de certezas.
Es una guía de predisposiciones.
¿Por qué algunas razas son más vocales?
Durante siglos no seleccionamos perros solamente por:
- tamaño;
- color;
- forma de las orejas.
También seleccionamos comportamiento.
Un perro destinado a vigilar tenía que detectar cambios en el entorno.
Un perro que trabajaba persiguiendo presas podía necesitar mantener contacto con otros perros o con la persona que cazaba.
Un perro encargado de controlar plagas necesitaba reaccionar rápidamente ante movimiento.
Esas funciones históricas ayudan a entender por qué algunos grupos tienen mayor tendencia a:
- alertar;
- ladrar;
- aullar;
- emitir otras vocalizaciones.
Perros seleccionados para alertar y vigilar
Un perro que debía avisar de:
- personas desconocidas;
- movimiento alrededor de una vivienda;
- sonidos;
- posibles intrusos;
necesitaba precisamente ser atento al entorno.
Ese rasgo puede resultar útil en determinados trabajos.
En un piso puede convertirse en:
ascensor → ladrido
vecino → ladrido
puerta → ladrido
ruido del rellano → ladrido.
Esto no significa que todos los perros de vigilancia sean muy ladradores.
Significa que la tendencia a detectar y responder a cambios ambientales puede formar parte de su selección histórica.
Y aquí aparece algo importante para la convivencia:
un perro no necesita un estímulo extraordinario para alertar.
En un edificio existen decenas cada día.
Terriers: pequeños en algunos casos, pero muy atentos
Los terriers fueron seleccionados originalmente para tareas que exigían:
- iniciativa;
- rapidez;
- persistencia;
- reacción ante pequeños animales;
- trabajo con cierto grado de independencia.
Dentro de este grupo encontramos perros muy diferentes entre sí, pero algunos pueden presentar una respuesta intensa ante movimiento, sonidos o actividad exterior.
Ejemplos habituales son:
- yorkshire terrier;
- cairn terrier;
- west highland white terrier;
- jack russell terrier;
- fox terrier.
El problema aparece cuando interpretamos:
perro pequeño = perro tranquilo para piso.
Un terrier pequeño puede ocupar muy poco espacio y, sin embargo, estar pendiente de todo lo que ocurre detrás de la puerta.
¿El yorkshire terrier ladra mucho?
Puede ser un perro especialmente alerta.
Eso explica que muchas familias describan vocalización ante:
- ruidos;
- visitas;
- movimientos del rellano;
- personas o perros visibles desde casa.
Pero no podemos concluir que todo yorkshire vaya a ladrar mucho.
La frecuencia real dependerá también de:
- aprendizaje;
- socialización;
- manejo;
- acceso a estímulos;
- características individuales.
Perros de caza que utilizan la voz
Aquí encontramos un tipo de vocalización diferente.
Algunos perros de caza fueron seleccionados para trabajar siguiendo rastros o desplazándose a cierta distancia del humano.
La comunicación sonora podía tener una utilidad práctica.
Entre los ejemplos más conocidos encontramos:
- beagle;
- basset hound;
- diferentes sabuesos.
En ellos la vocalización puede incluir no solamente ladridos, sino también:
- aullidos;
- sonidos prolongados;
- vocalizaciones características durante excitación o seguimiento.
¿El beagle ladra mucho?
Puede ser vocal.
Pero reducirlo a:
“el beagle ladra mucho”
pierde información.
Puede:
- ladrar;
- aullar;
- vocalizar ante excitación;
- reaccionar a estímulos olfativos;
- utilizar sonidos diferentes a los de un pequeño perro de alerta.
Es decir, dos perros pueden ser considerados “muy vocales” por razones completamente distintas.
Spitz y razas de tipo primitivo
Aquí encontramos otro grupo interesante.
Incluye perros como:
- husky siberiano;
- malamute de Alaska;
- samoyedo;
- akita;
- basenji.
Un estudio publicado en 2021 analizó 897 cuestionarios correspondientes precisamente a Akita, Malamute, Basenji, Samoyedo y Husky.
Los investigadores encontraron que la raza estaba asociada con diferencias en vocalización excesiva, pero también detectaron relación con las condiciones de alojamiento.
Este segundo resultado es fundamental.
No fue simplemente:
genética → vocalización.
También:
perro + entorno → comportamiento.
El estudio encontró diferencias entre razas, sexo y condiciones de vivienda para diferentes conductas, incluida la vocalización excesiva. :contentReference[oaicite:2]{index=2}
El husky: no siempre es ladrar
El husky es un buen ejemplo del problema de las listas de:
“razas que más ladran”.
Muchos huskies pueden ser bastante vocales, pero utilizan repertorios que incluyen:
- aullidos;
- gemidos;
- vocalizaciones prolongadas;
- sonidos sociales.
Por tanto, una persona que busca:
“un perro que no ladre”
puede pensar que una raza con menos ladrido convencional será necesariamente silenciosa.
No tiene por qué ser así.
Poco ladrido y poco ruido no son sinónimos.
¿Y el basenji? ¿Es verdad que no ladra?
El basenji probablemente sea el ejemplo más famoso.
Se suele presentar como:
“el perro que no ladra”.
Eso necesita matiz.
Puede producir menos ladridos convencionales que muchas otras razas, pero no es un perro mudo.
Puede emitir otras vocalizaciones características.
Por tanto, elegirlo únicamente porque:
“quiero un perro silencioso”
sería una simplificación.
Además, la convivencia depende de muchísimas otras características además del ladrido.
Perros pequeños de compañía: tamaño pequeño no significa poco ruido
Chihuahua, pomerania y otros perros pequeños aparecen continuamente en rankings de “razas que más ladran”.
Aquí debemos evitar convertir la repetición de Internet en evidencia.
No existe una regla biológica:
pequeño = ladrador.
Pero algunos perros pequeños pueden mostrar:
- elevada atención al entorno;
- alerta ante sonidos;
- excitación;
- vocalización de demanda;
- respuestas intensas frente a personas o perros.
Y hay otro factor que puede influir.
A veces toleramos conductas en perros pequeños que gestionaríamos inmediatamente si pesaran 35 kilos.
Por ejemplo:
- vigilar continuamente una ventana;
- correr hacia la puerta;
- ladrar repetidamente a visitas;
- reaccionar desde los brazos.
Con muchas repeticiones, esas conductas pueden consolidarse.
Entonces, ¿qué razas aparecen con frecuencia entre las más vocales?
No existe una clasificación científica universal que permita ordenar:
primero Chihuahua
segundo Yorkshire
tercero Beagle.
Sería una precisión falsa.
Sí podemos identificar perfiles en los que la vocalización merece especial atención antes de elegir.
| Perfil | Vocalización frecuente | Contexto habitual |
|---|---|---|
| Terriers | Alerta / excitación | Movimiento y estímulos |
| Sabuesos | Ladrido / aullido | Rastreo y excitación |
| Spitz | Ladridos y otras vocalizaciones | Alerta y comunicación |
| Perros de alerta | Ladrido | Cambios en el entorno |
| Pequeños muy vigilantes | Ladrido repetido | Ruidos, visitas y movimiento |
Esto resulta más útil que fabricar un ranking absoluto.
¿Qué nos dice realmente la genética?
Hay evidencia clara de que parte del comportamiento tiene componente genético.
El estudio de MacLean y colaboradores encontró una heredabilidad importante entre razas en los 14 rasgos conductuales estudiados y relaciones entre determinados perfiles y la función para la que diferentes grupos habían sido seleccionados. :contentReference[oaicite:3]{index=3}
Pero hay otra parte de la evidencia que debemos mantener al mismo nivel.
Morrill y colaboradores estudiaron perros de raza y mestizos y concluyeron que la raza explicaba solamente alrededor de un 9 % de la variación conductual individual. :contentReference[oaicite:4]{index=4}
Por tanto:
la raza puede cambiar probabilidades; no escribe de antemano el comportamiento del perro.
Ese probablemente sea el criterio más útil para una familia que está eligiendo.
El entorno puede convertir una predisposición en un problema
Imagina un perro muy atento a los estímulos.
En una vivienda aislada podría escuchar:
- pocos vecinos;
- poco tránsito;
- pocas puertas;
- pocos ascensores.
Ahora colócalo en:
- un segundo piso;
- junto al ascensor;
- ventana a una calle transitada;
- portal con mucho movimiento.
Su predisposición es la misma.
La cantidad de oportunidades para practicar el ladrido no.
El estudio sobre razas primitivas encontró precisamente asociaciones entre condiciones de alojamiento y vocalización excesiva. :contentReference[oaicite:5]{index=5}
Esto explica por qué preguntar:
“¿esta raza ladra?”
es menos útil que preguntar:
“¿cómo puede expresarse esta raza dentro del entorno concreto donde va a vivir?”
Aprender también cambia cuánto ladra un perro
El comportamiento puede reforzarse.
Por ejemplo:
persona pasa delante de casa → perro ladra → persona desaparece.
Desde la perspectiva del perro:
ladré → desapareció.
Lo mismo puede ocurrir con:
- timbre;
- visitas;
- atención;
- comida;
- juego.
Por eso dos perros con predisposición genética similar pueden desarrollar patrones de vocalización muy diferentes dependiendo de sus experiencias.
¿La socialización importa?
Sí, aunque tampoco debe entenderse como una vacuna contra el ladrido.
Las experiencias tempranas y posteriores pueden afectar a:
- reacción ante personas;
- ruidos;
- perros;
- novedades;
- situaciones urbanas.
Un perro que interpreta una gran cantidad de estímulos cotidianos como:
- extraños;
- preocupantes;
- muy excitantes;
puede tener muchas más ocasiones para vocalizar.
Pero socializar no significa exponer indiscriminadamente al cachorro a todo.
La calidad de la experiencia importa.
¿Qué perro elegir si vivo en un piso y me preocupa mucho el ladrido?
Aquí sería especialmente prudente.
No buscaría una lista titulada:
“razas que no ladran”.
Buscaría un perfil concreto.
Si adoptarás un perro adulto, tienes además una ventaja importante:
ya puedes observar parte de su comportamiento real.
Eso puede ser mucho más informativo que intentar adivinarlo únicamente a partir de una etiqueta racial.
Un cachorro tampoco viene con el comportamiento terminado
Elegir una raza considerada tranquila no garantiza un adulto silencioso.
Y elegir una raza predispuesta a vocalizar tampoco significa condenarse a un problema.
Durante el desarrollo intervienen:
- experiencias;
- manejo;
- socialización;
- entrenamiento;
- salud;
- entorno;
- aprendizaje.
Esta es precisamente la razón por la que los estudios genéticos recientes advierten contra los estereotipos rígidos de raza. :contentReference[oaicite:6]{index=6}
¿Los perros mestizos ladran más o menos?
No existe una respuesta general.
“Mestizo” reúne perros con:
- ascendencias distintas;
- historias distintas;
- tamaños diferentes;
- funciones ancestrales diferentes.
Por tanto, no tiene sentido tratar:
mestizo
como si fuese una raza conductualmente homogénea.
Para valorar un individuo concreto son mucho más informativos:
- su comportamiento actual;
- historia conocida;
- reacción ante estímulos;
- capacidad para relajarse;
- contexto de vida.
Lo que NO utilizaría para elegir perro
Evitaría decisiones del tipo:
“me han dicho que el chihuahua ladra mucho, así que nunca tendré uno”.
o:
“esta raza está en una lista de perros tranquilos, así que no dará problemas”.
Esas generalizaciones eliminan demasiada información.
También evitaría elegir por un único rasgo.
Un perro puede ladrar poco pero necesitar:
- muchísimo ejercicio;
- espacio;
- compañía;
- grooming;
- trabajo mental.
La convivencia se decide por el conjunto.
Si el silencio es una prioridad muy importante
Entonces buscaría reducir incertidumbre.
Una posibilidad interesante puede ser un perro adulto cuyo comportamiento ya se conozca.
Por ejemplo, puede saberse:
- cómo responde al timbre;
- si ladra cuando está solo;
- qué hace con otros perros;
- cómo reacciona a ruidos;
- si permanece tranquilo dentro de casa.
Eso no garantiza que el comportamiento sea idéntico en un entorno nuevo.
Pero ofrece más información que elegir un cachorro exclusivamente por:
“esta raza suele ladrar poco”.
Entonces, ¿cuáles son los perros que más ladran?
La respuesta más rigurosa no es una lista numerada.
Podemos decir que merece prestar especial atención a la vocalización en:
- algunos terriers;
- determinados perros seleccionados para alerta;
- sabuesos que utilizan voz durante el trabajo;
- varios spitz y razas primitivas;
- determinados pequeños perros muy sensibles al movimiento ambiental.
Pero dentro de cualquiera de esos grupos encontraremos perros muy distintos.
Un estudio en Akita, Malamute, Basenji, Samoyedo y Husky demostró simultáneamente dos cosas muy útiles:
existían diferencias entre razas y también influían las condiciones de alojamiento. :contentReference[oaicite:7]{index=7}
Ese es probablemente el mejor resumen del problema.
Raza no es destino
La selección humana ha dejado huella en el comportamiento de los perros.
Negarlo tampoco sería científico.
Pero convertir esas tendencias poblacionales en predicciones exactas sobre un individuo tampoco lo es.
La raza puede decirte qué comportamiento merece la pena investigar antes de elegir.
No puede decirte exactamente cómo será el perro que acabará viviendo contigo.
Por eso, si el ladrido es una preocupación importante, utiliza la raza como una pieza de información, no como una sentencia.
Pregunta por:
- función histórica;
- tendencia vocal;
- individuo;
- entorno;
- experiencias;
- capacidad de adaptación.
Eso ofrece una imagen mucho más realista que cualquier ranking de “los diez perros que más ladran”.
Fuentes y referencias
- Morrill K., Hekman J., Li X. et al. Ancestry-inclusive dog genomics challenges popular breed stereotypes. Science, 2022;376:eabk0639. Estudio con 18.385 encuestas conductuales y 2.155 perros genotipados; la raza explicó aproximadamente el 9 % de la variación conductual individual.
- MacLean E.L., Snyder-Mackler N., vonHoldt B.M., Serpell J.A. Highly heritable and functionally relevant breed differences in dog behaviour. Proceedings of the Royal Society B, 2019;286:20190716. Análisis de más de 14.000 perros de 101 razas y diferencias conductuales asociadas a genética y selección funcional.
- Wójcik A., Powierża K. The Influence of Breed, Sex, Origin and Housing Conditions on Undesirable Behaviors in Ancient Dog Breeds. Animals, 2021;11(5):1435. Estudio de 897 perros Akita, Alaskan Malamute, Basenji, Samoyedo y Husky Siberiano; encontró asociaciones entre raza, condiciones de alojamiento y vocalización excesiva.
- Eken Asp H., Fikse W.F., Nilsson K., Strandberg E. Breed differences in everyday behaviour of dogs. Applied Animal Behaviour Science, 2015;169:69–77. Investigación sobre diferencias conductuales entre razas en situaciones cotidianas.