đïž Tu perro y la playa: GuĂa de supervivencia para que tu "primera vez" no sea un drama
Seamos sinceros: la primera vez que decides llevar a tu perro a la playa, tu cabeza es un caos de dudas. Te imaginas una escena de pelĂcula corriendo por la orilla, pero la realidad te susurra al oĂdo: ÂżY si se come una medusa? ÂżY si se bebe el AtlĂĄntico de un trago? ÂżCĂłmo narices voy a quitarle toda esa arena antes de subirlo al coche?
Tranquilo, respira. Todos hemos sido ese dueño primerizo con mil bolsas y cara de pånico. Aquà te cuento cómo sobrevivir (y disfrutar) de la aventura.
đ El kit de "supervivencia" (o cĂłmo no olvidar lo importante)
Antes de salir, olvida tu protector solar por un momento; hablemos del suyo. SĂ, los perros tambiĂ©n se queman. Si tu colega tiene el pelo clarito o zonas con poca densidad (como el hociquito o las orejas), necesitas un protector solar especĂfico. Nada de usar el tuyo, que el Ăłxido de zinc les sienta fatal si se lo lamen.
En tu mochila no puede faltar:
La correa extensible: Para que explore sin que acabes tĂș haciendo esquĂ acuĂĄtico detrĂĄs de Ă©l.
Agua fresca a raudales: Pon el bebedero a la sombra. Si el agua quema, no beberĂĄ, y ahĂ es cuando empezarĂĄ a mirar con ojitos tentadores el agua del mar.
Spoiler: Beber agua salada termina en una diarrea volcĂĄnica que no quieres ver.
đ„ El sol, la arena y el "momento croqueta"
¿Sabes ese calor que sientes en los pies cuando corres por la arena buscando la orilla? Tu perro lo siente igual, pero él no lleva chanclas.
Regla de oro: Si tĂș no aguantas la mano 5 segundos en la arena, sus almohadillas tampoco.
Busca una sombra, planta la sombrilla y haz de ese rincĂłn su cuartel general. Y si decide rebozarse en la arena y convertirse en una croqueta con patas, dĂ©jalo. Es parte del ritual. Eso sĂ, vigila que no le dĂ© por excavar hasta China y comerse la arena, que luego las digestiones son pesadas (literalmente).
đ ÂżAl agua, patos?
No lo fuerces. Hay perros que parecen delfines y otros que ven una ola y creen que es el fin del mundo.
Si tiene miedo: Quédate en la orillita, prémialo y deja que descubra que el mar no muerde.
Si es un nadador pro: Si se lanza a nadar como un profesional, vigila las corrientes y las medusas. Al final, tĂș eres su socorrista personal.
đż El ritual de vuelta: El adiĂłs a la sal
La playa no termina cuando guardas la sombrilla. Al llegar a casa (o en las duchas de la playa), toca baño de agua dulce obligatorio.
La sal y la arena son irritantes naturales; si se quedan en su piel, pasarĂĄ la noche rascĂĄndose y podrĂais acabar con una infecciĂłn de oĂdos o una dermatitis. SĂ©calo bien, mĂmalo un rato y prepĂĄrate para la mejor parte: un perro que ha ido a la playa es un perro que va a dormir 12 horas seguidas de puro cansancio feliz.